¿Qué significan las velas de la corona de Adviento?
Por la última semana de noviembre, en muchas mesas aparece un círculo de ramas verdes con tres velas de pie en corona, y a veces una cuarta esperando en el centro. Nadie tiene que explicar para qué es. Se entiende enseguida que es momento de bajar el ritmo y esperar algo.
Ese es, en el fondo, el sentido de la corona. Esto es lo que las velas van diciendo, en silencio, semana tras semana.
El círculo en sí
Una corona de Adviento es un aro, no una línea recta — ramas siempre verdes dobladas en una forma sin principio ni final. Está ahí para decir, sin palabras, que lo que se espera no se agota. El verde sigue vivo en las semanas más oscuras y frías del año, y eso ya es un pequeño sermón: la vida continúa aunque la luz sea escasa.
Cuatro velas, cuatro domingos
La mayoría de las coronas tienen cuatro velas, casi siempre moradas o azules, una encendida cada domingo de Adviento, en este orden:
- Esperanza — la primera vela. A veces llamada la vela de la Profecía, por todos los que esperaron una promesa antes de verla cumplida.
- Paz — la segunda. Lleva el nombre de Belén, el pueblo pequeño y sencillo donde la espera terminó en silencio.
- Gozo — la tercera, y suele ser la que rompe el patrón: viene en rosa. Marca el domingo en que la espera se vuelve lo bastante esperanzada como para llamarse Gaudete — "alégrense".
- Amor — la cuarta, la más cercana a la Navidad, en honor a los ángeles que por fin dijeron la noticia en voz alta.
Si hay una quinta vela blanca en el centro, esa se enciende el mismo día de Navidad — lo que las otras cuatro venían anunciando desde el principio.
De dónde viene la costumbre
Comparada con otras tradiciones de la Iglesia, la corona es bastante joven. Un pastor luterano de Hamburgo, en el siglo XIX, Johann Hinrich Wichern, construyó un gran aro de madera con velas para los niños a su cargo: encendía una vela pequeña cada día y una más grande cada domingo, para que una temporada difícil de imaginar — cuatro semanas — se volviera algo que un niño pudiera ver pasar de verdad. La idea se extendió mucho más allá de su orfanato, y también más allá de su propia tradición.
Una nota serena
No hace falta acertar los colores, encenderlas en el domingo exacto, ni explicarle la teología a nadie en la mesa. Una corona con la vela equivocada encendida, o a la que le falta una, sigue cumpliendo su función: marcar que el tiempo pasa y que algo se acerca. El Adviento nunca estuvo pensado para calificarse.
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