El frasco de alabastro en la Biblia: qué significa
Hay objetos en la Escritura que solo cumplen su función al romperse. El frasco de alabastro es uno de ellos: tallado en una piedra suave y translúcida, sellado, con un perfume que valía casi el salario de un año entero. Aparece más de una vez en los Evangelios, en habitaciones distintas, en manos distintas, y siempre termina igual: alguien lo rompe, y en ese instante no hay nada calculado ni prudente.
El frasco que no se podía verter a medias
En casa de Simón el leproso, una mujer se acerca a Jesús con un frasco de alabastro lleno de nardo puro. Marcos dice que "quebró el frasco y derramó el perfume sobre su cabeza" (Marcos 14:3) —no lo destapó, no midió una porción, sino que lo rompió, de modo que todo lo que había dentro tenía que usarse de una sola vez. Algunos en la mesa se indignan: eso podría haberse vendido por una gran suma y dado a los pobres. Jesús no discute la cuenta. Dice: "Buena obra me ha hecho... dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ella ha hecho, para memoria de ella" (Marcos 14:6-9). Ni siquiera se registra su nombre en ese relato. Lo que quedó fue su entrega.
El frasco de quien no tenía nada más que ofrecer
Lucas cuenta otra escena. Una mujer "que era pecadora" se entera de que Jesús cena en casa de un fariseo, y llega sin ser invitada, con su frasco de alabastro en la mano. Se coloca detrás de él, llorando, moja sus pies con las lágrimas, los seca con su cabello, los besa y derrama el perfume (Lucas 7:37-38). El anfitrión se escandaliza de que Jesús deje que alguien así lo toque. Jesús, en lugar de corregir el gesto, lo pone en su lugar: "sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho" (Lucas 7:47). Ella no trajo el regalo apropiado ni el respetable. Trajo el único que tenía, y resultó ser suficiente.
La casa que se llenó de su aroma
En el relato de Juan, es María de Betania, días antes de la crucifixión, quien toma como medio litro de nardo puro, unge los pies de Jesús y los seca con su cabello —"y la casa se llenó del olor del perfume" (Juan 12:3). Judas objeta el derroche, con la misma cuenta que hicieron los discípulos en casa de Simón. Jesús responde que ella ha guardado esto para el día de su sepultura. Lo que comenzó como un gesto sencillo de amor se convierte, casi sin que nadie lo note en ese momento, en una preparación silenciosa para el duelo.
Lo que ha significado el frasco de alabastro
En estas escenas el frasco repite el mismo argumento, contado una y otra vez como si necesitara repetirse: el amor no siempre es razonable, y no necesita serlo para ser real. Con los siglos, el frasco de alabastro ha llegado a representar una entrega que no se guarda nada —una adoración que se derrama en vez de medirse, que se da en vez de calcularse. Un frasco sellado conserva su perfume para siempre, intacto, sin usar, sin nada que contar. Uno roto llena toda la habitación, y el aroma es la única prueba de que alguna vez estuvo lleno.
Entre las ochenta y cuatro esferas dibujadas a mano de Bible Clock hay un pequeño frasco de alabastro, junto al versículo de la mujer que lo rompió. No hace falta recordar de qué Evangelio es, ni quién era ella. Algunos días simplemente mirarás la hora y lo encontrarás ahí, ya derramado.