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Un versículo bíblico antes de una cirugía

Hay un tipo particular de silencio la noche antes de una operación. La maleta ya está lista, las indicaciones se leyeron dos veces, se hicieron las llamadas — y ya no queda nada por hacer más que esperar. No estás buscando un discurso de ánimo. Estás buscando algo a lo que aferrarte en la sala de espera, en el pasillo antes de entrar, en esa hora en que las luces son demasiado brillantes y las preguntas no paran.

Salmo 46:1-3 es donde muchas personas terminan en esa hora:

"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar."

No promete el resultado que quieres. No explica nada. Solo dice que, pase lo que pase, no lo vas a enfrentar sola — y que esa calma puede sentarse junto al miedo, sin tener que reemplazarlo.

Otras líneas que suelen acompañar bien hasta la bata de hospital:

Isaías 41:10 — "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré." Muchas veces se lee en voz alta, una sola vez, justo antes de que te lleven a la sala. Es lo bastante corta como para recordarla sin esfuerzo.

Salmo 23:4 — "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo." Escrito exactamente para este tipo de incertidumbre — no como una metáfora de los días difíciles en general, sino para ese miedo específico de no saber qué viene después.

Filipenses 4:6-7 — "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos." Más que una orden de dejar de preocuparse, describe lo que a veces ocurre cuando por fin dices el miedo en voz alta.

Para quien espera afuera, no para quien está en el quirófano

Si eres tú quien está sentada en la sala de espera con el teléfono en la mano, esperando que digan un nombre, el Salmo 27:14 también vale la pena tenerlo cerca: "Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová." Esperar por alguien que amas tiene su propio peso, y merece su propio versículo.

Una nota serena: nada de esto pretende ser una cura para el miedo, ni una razón para sentir culpa por seguir sintiéndolo. Un versículo antes de una cirugía no es una tarea que cumplir ni una fórmula que acertar — es solo una línea donde posar los ojos mientras los minutos pasan despacio. Algunas personas lo leen una vez y lo dejan ir. Otras lo repiten como quien sostiene una mano. Ambas cosas bastan.

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