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Un versículo para cuando tu hijo está enfermo

Hay un cansancio muy particular que viene de pasar la noche en vela junto a un hijo enfermo: el termómetro en la mesita, la luz del pasillo encendida, esa manita que revisas una y otra vez para saber si sigue tibia o si ya es demasiado. Nada en ese momento pide palabras grandes. Solo necesita un lugar tranquilo donde posarse.

Si esta noche buscas un versículo al que aferrarte, aquí van algunos que han acompañado a otros padres en noches parecidas.

Cuando no puedes hacer nada más que esperar

"Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará." — Isaías 40:11

No tienes que arreglar lo que no puedes arreglar. Está bien simplemente estar cerca.

Cuando llevas noches sin dormir

"Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros." — 1 Pedro 5:7

No es una orden de dejar de preocuparte. Es un permiso para entregar esa carga, aunque sea por unos minutos, y poder cerrar los ojos.

Cuando por fin baja la fiebre

"Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas." — Salmo 147:3

El alivio no necesita una oración larga. A veces basta con: gracias.

Uno breve para la mitad de la noche

"Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón." — Salmo 34:18

Lo bastante corto para recordarlo medio dormida, apoyada en el marco de la puerta, revisando una vez más.

Ninguno de estos versículos te pide nada esta noche: no sentirte de cierta manera, no tener suficiente fe, no decir las palabras correctas. Simplemente están ahí, como una mano sobre el hombro. Algunas noches los leerás despacio. Otras solo recordarás una frase mientras llenas un vaso de agua a las tres de la madrugada. Ambas cosas cuentan.

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