Un versículo bíblico para cuando sientes enojo
El enojo casi nunca llega con buenos modales. Aparece caliente, en medio de una frase que alguien más todavía está terminando, o en los diez minutos después de colgar el teléfono, cuando sigues discutiendo con esa persona en tu cabeza. Es un sentimiento honesto —de los más honestos que hay— y casi siempre significa que algo real fue pisoteado: tu tiempo, tu dignidad, alguien que quieres.
La Escritura no te pide que finjas que no está ahí. Te pide que lo notes antes de que decida lo que pasa después.
"Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados." — Efesios 4:26
Lee de nuevo la primera parte: si se enojan. No en lugar del enojo. El versículo da por hecho que lo vas a sentir, y te da un límite para sentirlo dentro, no una orden de apagarlo.
"Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse." — Santiago 1:19
Este habla menos del enojo mismo que del medio segundo antes de él. Ser lento para hablar te compra justo la pausa que necesitas para preguntarte qué quieres decir en realidad, en lugar de lo que el calor del momento quiere decir por ti.
"La respuesta amable calma el enojo, pero la respuesta dura lo enciende más." — Proverbios 15:1
No porque la mansedumbre sea debilidad, sino porque es la única respuesta que no le echa más leña a un fuego que ya arde solo.
Una nota serena: nada de esto significa que estuviera mal sentir el enojo, ni que tengas que resolverlo esta misma noche, ordenado y perdonado. Algunos días la oración más honesta es simplemente nombrarlo —estoy enojado, y todavía no sé qué hacer con eso. Eso no es una falta de fe. Es el comienzo de llevarlo a algún lugar.
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