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¿Qué es el domingo de Septuagésima? El preludio silencioso a la Cuaresma

Tres domingos antes del Miércoles de Ceniza, algunas iglesias cambian de tono sin hacer ruido. Todavía no se ayuna, no hay ceniza. Pero el color empieza a virar hacia el morado, una palabra desaparece de la liturgia, y el año comienza a inclinarse, despacio, hacia la Cuaresma. Ese domingo tiene un nombre que casi nadie fuera de ciertas tradiciones usa ya: Septuagésima.

De dónde viene el nombre

Septuagésima viene del latín y significa "septuagésimo" — no es una cuenta exacta de días, sino parte de una serie. Le sigue el domingo de Sexagésima ("sexagésimo"), y luego Quincuagésima ("quincuagésimo"), el domingo justo antes del Miércoles de Ceniza, y por último Cuadragésima ("cuadragésimo") — el antiguo nombre latino del primer domingo de Cuaresma, y la raíz misma de la palabra Cuaresma que usamos hoy. Los números bajan de diez en diez, más como señales en el camino que como un calendario exacto.

Un tiempo antes del tiempo

Durante siglos, este tramo de tres domingos — a veces llamado pre-Cuaresma — funcionó como un umbral. La Cuaresma aún no había comenzado, así que nada se exigía formalmente. Pero las lecturas se volvían más serias, el color pasaba del verde al morado, y en muchas parroquias medievales el Aleluya se guardaba en las Vísperas del sábado anterior, para no volver a cantarse hasta la Vigilia Pascual. Algunas iglesias marcaban esto con una costumbre pequeña, casi juguetona: "despedir" o incluso enterrar simbólicamente un Aleluya escrito o cantado, para que su regreso en Pascua llegara con todo su peso.

No era penitencia. Era una pista de aterrizaje — una manera de llevar a la comunidad del tiempo ordinario al ayuno cuaresmal poco a poco, en lugar de imponerlo de golpe.

La lectura que trae consigo

En el leccionario romano antiguo, el evangelio del domingo de Septuagésima es la parábola de los obreros de la viña (Mateo 20, 1-16) — jornaleros contratados a distintas horas del día, todos pagados por igual. Es una historia curiosa, hasta un poco incómoda, para abrir un tiempo dedicado a la disciplina: un recordatorio, justo antes de que empiece el trabajo duro de la Cuaresma, de que nada de eso se gana con una cuenta exacta.

Dónde se sigue guardando

La Iglesia Católica dejó de lado los domingos de "Gesima" en su reforma del calendario de 1969, incorporando ese tiempo al Tiempo Ordinario. Pero la Septuagésima nunca desapareció del todo. Se sigue observando en la Misa tradicional en latín, en algunos calendarios luteranos y entre los anglicanos que siguen el Libro de Oración Común de 1662. Para un tiempo sin ninguna regla de ayuno propia, ha resultado sorprendentemente duradero.

Una nota serena

No hace falta buscar un misal ni cambiar nada en cómo vives las semanas antes de la Cuaresma. La mayoría de los calendarios, la mayoría de los años, ni siquiera mencionarán la Septuagésima. Basta con saber que existe — una pequeña bisagra antigua en el año litúrgico, tres domingos que solo están ahí para que el giro hacia la Cuaresma ocurra despacio, en vez de todo de una vez.

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