¿Qué es el Martes de Carnaval? (Y por qué se come tanto ese día)
Entre el último pedazo de algo dulce y el primer miércoles silencioso de Cuaresma, hay un día que no sabe muy bien si es fiesta o umbral. Es las dos cosas. En el mundo anglosajón lo llaman Shrove Tuesday; nosotros lo conocemos como Martes de Carnaval, y según de dónde vengas, puede tener todavía otro nombre.
De dónde viene la idea
En inglés antiguo, to shrive significaba escuchar una confesión y dar la absolución. El martes antes de Cuaresma era, en la iglesia medieval, la última oportunidad de quedar "absuelto" antes de que empezara, al día siguiente, una temporada de ayuno y examen interior. No era, en su origen, un día sobre la comida. Era un día para soltar lo que se venía cargando, a propósito, antes de entrar en silencio durante cuarenta días.
El mismo día, varios nombres
Cada cultura se quedó con una mitad de la misma idea. En francés y en Nueva Orleans es Mardi Gras, "martes graso": la última comida abundante antes del ayuno. En buena parte de Latinoamérica y del sur de Europa es Carnaval, del latín carne vale, "adiós a la carne". En Inglaterra se volvió, sencillamente, el Día del Panqueque. Los tres apuntan a la misma bisagra del calendario: hoy se termina lo que sobra en la despensa; mañana, Miércoles de Ceniza, empieza la Cuaresma.
Por qué panqueques, exactamente
La respuesta práctica es encantadoramente poco solemne. El ayuno tradicional de Cuaresma dejaba fuera huevos, leche, mantequilla y azúcar durante cuarenta días. En vez de dejar que se echaran a perder, las familias los usaban todos de una vez en un solo plato — y resulta que un panqueque necesita exactamente esos cuatro ingredientes. No fue un símbolo inventado después. Fue una cocina resolviendo un problema real, la noche antes de que cambiara, de verdad, la forma de comer de toda una casa.
Un día para cerrar una puerta antes de abrir otra
Debajo del carnaval y del almíbar, lo que sostiene el Martes de Carnaval es un instinto muy antiguo y muy humano: uno no entra a una temporada de atención sin más — marca su comienzo. Se termina lo que hay que terminar. Se dice lo que hay que decir. Y a la mañana siguiente se empieza de nuevo, un poco más liviano.
No hace falta guardar Cuaresma para notar que ese instinto es bueno. A casi todos nos vendría bien una tarde honesta y sin prisa antes de cualquier temporada nueva — no como actuación, sino como un punto y aparte. Y un panqueque, si te gustan, tampoco sobra.
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